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¿Florentino aún es el presidente del Real Madrid?

Qué gran salud democrática tiene el Barça, un ejemplo mundial a seguir. Hay tres candidatos oficiales a la presidencia después de haber pasado el corte de las firmas: Joan Laporta, favorito y optando a la reelección, y dos oposicionistas de matices diferentes, como Víctor Font y Marc Ciria, que aportan la pluralidad de visiones que tienen para el club, que siempre será ‘més que un club’, pese a quien pese.

Los candidatos son auditados a diario por la masa social en su infinidad de variopintos actos electorales, entrevistas en profundidad y ruedas de prensa. La sobreexposición mediática, buscada y deseada, es una cadena de transmisión de contenido directo hacia el soci.

El espectáculo electoral culer contrasta con la descomposición institucional que vive el gran rival. Porque, que no nos embauquen, lo del Real Madrid no es una crisis deportiva de calado, sino un colapso del sistema de gobierno que ha instaurado Florentino Pérez, que, como todos los líderes autócratas del siglo XXI, ha llegado democráticamente al poder para después implosionar el sistema, cambiando las reglas de juego en su beneficio. No hay oposición posible, por tanto, no hay elecciones

El modelo autoritario de Florentino va mucho más allá de su grima a la hora de dar una rueda de prensa o hacer una comparecencia para ser indagado sobre lo que le está ocurriendo al club. Se plasma en que el Madrid sea tal vez el único club profesional del planeta que no tenga un director deportivo. Es el presidente quien ficha y desficha jugadores y quien pone y saca entrenadores a su antojo.

Por eso, lo de tener el peor técnico de todas las grandes ligas europeas, y no es una exageración, es responsabilidad presidencial, que cuenta con el beneplácito de los medios de comunicación madridistas con sede en la capital, más preocupados por escrutar a distancia los procesos de un club democrático como el Barça, en lugar de hacerlo con el propio Madrid.

El modelo de Florentino presenta signos de agotamiento. Empezó 2026 con Xabi Alonso, el aspirante a ser el ‘Guardiola merengue’ en el banquillo y en dos meses ha perdido dos títulos: la Supercopa de España, a manos de un Barça que le ha quitado los últimos cuatro títulos estatales, y la Copa del Rey, con el bochornoso KO a manos de un Albacete, que hoy es el 13.º en Segunda División. A lo que hay que sumar la derrota en la última jornada de la fase regular de la Champions, con un gol de Trubin en Lisboa, que lo apartó del top-8. Las consecuencias de ello aún se arrastran porque le han llevado a tener que jugar los octavos de final contra el City de Pep.

Si no fuera por el escándalo de los penaltis a favor, sin parangón en las grandes ligas europeas, combinado con los errores arbitrales contra el Barça, como la victoria ilegal del Girona, la Liga estaría liquidada a principios de marzo. El cabreo se apodera del Bernabéu que ya señala al palco.

Que Mbappé vaya a la suya, saltándose el criterio de los servicios médicos para irse a Francia; que el vestuario sea un polvorín, lo que solo tiende a empeorar a cien días del Mundial; que la plantilla esté mal confeccionada, es todo responsabilidad del ‘ser superior’.

Como también lo es lo de los conciertos del Bernabéu, con la juez enviando al banquillo al club y a su director general, José Ángel Sánchez, mano derecha del presidente. Y, claro, qué decir del fracaso megalomaníaco de la Superliga o del intento velado de convertir el club en una Sociedad Anónima

¿Dará la cara algún día Florentino y dará explicaciones de lo que está ocurriendo y de sus fracasos en todos los frentes? Seguro que no.

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