En su debut en Primera RFEF en Tarragona, el Real Zaragoza realizó 33 remates. Ninguno sirvió para hacer gol. Las pocas llegadas que tuvo el Nástic fueron mucho más fructíferas: dos tantos, el de Bakis y el de Segura, y un disparo del turco que tocó la madera después de que Westerveld rechazara el balón. En el Costa Daurada, el equipo de Ibai Gómez no dominó ninguna de las dos áreas, lo que hizo inservible el control de la escena, del balón y del juego que tuvo durante todo el encuentro.
Tras la derrota, Ibai Gómez se mostró convencido de que de cada 20 partidos así, el Real Zaragoza ganará 19. Que el domingo salió cruz, pero que el camino emprendido, dominio claro, fútbol combinativo, protagonismo, es el adecuado. El entrenador vasco tendrá razón si es capaz de conseguir que su equipo pula los importantes defectos que mostró donde el fútbol decide partidos y define temporadas: en las áreas.
En defensa de la propia, Ibai Gómez todavía tiene tarea. En Tarragona partió de inicio con Tachi y Hugo Barrachina ante la ausencia de Diego González, que no pudo jugar porque el protocolo sanitario vigente se lo impidió tras el brutal golpe que sufrió en la cabeza frente al Bilbao Athletic en un amistoso. Rubo Iranzo estaba recién aterrizado y no le tocaba todavía.
El centro de la defensa del Real Zaragoza cambiará en las próximas jornadas. Iranzo ha firmado como una apuesta de presente y de futuro y está llamado a tener peso específico esta temporada. Su desempeño será capital para aumentar la seguridad por delante de Westerveld, junto a la presencia de Diego González. El castellonense ha asumido un rol de liderazgo tanto en el campo como en el trabajo de reconexión con la grada. “Despertemos al león”, fue una de sus últimas proclamas en sus redes. Es un hombre con carácter para asumir ese papel. El vestuario del Real Zaragoza necesita leones, después de una última temporada lleno de gatitos.
En el otro lado del campo, el Real Zaragoza tendrá que trabajar mucho para mejorar el ratio de acierto, del 0% en el campo del Nástic a pesar de que el equipo fue capaz de llegar de manera cómoda al borde del área, con mención especial a la profundidad que dio Jokin Gabilondo. Sin embargo, todo lo que generó lo culminó mal.
En la hora de la definición, Ibai Gómez y su cuerpo técnico tienen faena. Sus jugadores atesoran más gol del que demostraron frente al Nástic, pero cuentan con carencias sobre las que incidir: trabajar la pausa y la serenidad en el área (si la cabeza no está calmada, los pies no responden bien), realizar entrenamientos específicos para mejorar los golpeos dentro de las posibilidades de cada cual, ganar calidad en los disparos y elevar el porcentaje de acierto, imprescindible para sumar victorias.