Robert Lewandowski se ha convertido en uno de los grandes referentes del fútbol europeo. El delantero del Barcelona ha pasado por equipos como el Borussia Dortmund y el Bayern de Múnich, donde se consolidó como uno de los mejores goleadores del mundo.
A sus 37 años, sigue compitiendo al máximo nivel, y en una entrevista reciente en el pódcast 'High Performance', repasó los momentos que marcaron su infancia y forjaron la mentalidad que lo llevó a la élite.
El delantero era consciente de que no había ningún referente polaco previo que hubiese dominado el fútbol europeo y él quería hacerlo: "Era el niño de Polonia. En mi cabeza siempre tuve grandes sueños. Quería mostrarle a todo el mundo que no importa de dónde vengas, puedes lograr tus objetivos".
Durante su niñez practicó distintos deportes, influido por su entorno familiar. Su padre era judoca y su madre jugaba al voleibol, pero el fútbol terminó imponiéndose de manera natural: "Cuando tenía tres o cuatro años ya tenía un balón en las manos. Creo que el fútbol me eligió a mí. Solo el fútbol me daba felicidad pura, sin estrés".
La figura de su padre fue determinante en esos primeros años. Lewandowski lo recuerda como alguien respetado y fuerte, incluso en un entorno complicado: "Cuando pienso en mi padre, era un hombre de verdad. Grande, fuerte, respetado". También explicó que vivían en un lugar peligroso y que, cuando la gente sabía quién era su padre, le mostraban respeto y protección.
El momento que cambió su vida llegó en la adolescencia, con su fallecimiento: "Perdí a mi padre cuando tenía 16 años. Fue muy duro para mí. No estaba listo para ser un hombre. Y en un día, en un minuto, tuve que ser el hombre en mi familia y en mi vida". Además, el golpe fue aún mayor porque no pudo verlo dar el salto al profesionalismo: "Murió antes de mi primer partido".
Desde entonces, cada primer gol en un nuevo equipo tuvo un significado especial: "Sé que cada primer gol en cada nuevo equipo o en la selección fue para él. Cada vez que salgo al campo, sé que mi padre me ve desde el mejor lugar del estadio”.
La pérdida tuvo un fuerte impacto emocional, y aseguró que todavía nota su ausencia: "Pasó eso y me cerré al mundo, a la gente. No estaba preparado, era joven (...) Lo que más extraño son las conversaciones con mi padre. No sobre temas importantes, solo hablar".
Esa fortaleza mental, que él mismo cifra en un 70% del éxito, comenzó a construirse en aquella adolescencia marcada por la pérdida de una de las figuras más importantes de su vida, y quiso dejar una reflexión: "Nunca tengas miedo de una tormenta. Prepárate para adaptarte. La clave es mantenerse fiel a uno mismo".